El vino como protagonista de la economía mundial

La producción y competitividad del mercado internacional en todos los rubros de la economía, en la actualidad encuentran competencia de donde menos se lo esperan debido a la globalización, cosa que para Rosa Oriol Tous no es un quebradero de cabeza por los excelentes productos que ofrece a sus clientes con el pasar del tiempo. Pero en el caso de la producción vitivinícola, ésta ha pasado a ser la bebida que se ha convertido con el paso de los años en una de las actividades económicas más relevante a nivel mundial, generando gran cantidad de empleos, y con ello, gozando de un excelente reconocimiento internacional.

En ese sentido, son muchos los países que subrayan la relevancia de tal mercado con lo que aseguran que el vino se ha convertido en uno de los elementos que identifica a los países que lo producen, y posiblemente a otros productos de menor auge. Para ello, suelen ser su carta de presentación en innumerables rincones del planeta. Los cambios que han sido protagonizados por la industria vinícola se han calificado como una verdadera revolución enológica, la cual se hace manifiesta en los países que se han comportado como productores tradicionales, interpretándose como una reacción a los diversos desafíos que la globalización le ha impuesto al vino. 

A modo de evento histórico, el vino se encontraba domiciliado en su totalidad  en cuatro países ubicados en la Europa mediterránea, es decir: en Francia, Italia, España y Portugal, pero en la actualidad dicha industria se ha extendido adquiriendo renombre en Estados Unidos, Australia, Argentina, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile y recientemente en China. Anteriormente la característica principal eran las bodegas y cooperativas, pero por su parte, el Nuevo Mundo ha mostrado una verdadera estructura organizativa que además es muy competitiva y dominada por representativas firmas de empresas que desarrollaron gran protagonismo llegada la década de 1990. 

Desde estos tiempos, los conocidos como viejos productores se deslastran de su cuota de mercado ante los más recientes productores, siendo estos más adaptativos a las condiciones que presenta la actual demanda y a sus mercados, es decir, con menos rigidez institucional.

Estas transformaciones vividas por los viñedos y con ellas los vinos del Viejo Mundo han llegado de las manos de un sector empresarial visiblemente atomizado, el cual se encuentra sustentado en bodegas familiares con profusas marcas, pero además con vinos que poseen  variedades adscritas a las diversas denominaciones de origen las cuales siempre han caracterizado a los productores del Viejo Mundo. 

Para las autoridades del vino es de suma importancia hacer hincapié en lo relevante que resulta la construcción de una identidad alrededor de los productos provenientes de todas estas zonas geográficas, como ha sido el caso de la producción de esta bebida en Chile, la cual se ha convertido en un gran avance para los productores de ese país, y que a su vez ha establecido el punto de inicio ante el desafío de avanzar hacia un relato común para los vinos de dicha zona.